El consumo privado inició el 2026 con signos de debilidad y escaso dinamismo, reflejando un escenario económico en el que las familias priorizan el cuidado de sus ingresos y limitan sus gastos a lo esencial. La falta de un motor claro de crecimiento condiciona las decisiones de los hogares, que adoptan conductas prudentes frente a la incertidumbre.
De acuerdo con el Índice de Consumo Privado elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, en enero se registró un leve incremento mensual del 0,1% en términos desestacionalizados. Si bien este dato permitió interrumpir una serie de caídas consecutivas, en la comparación interanual el indicador mostró un retroceso del 1,5%, confirmando la persistencia de un escenario contractivo.
El decano de esa casa de estudios, Gabriel Foglia, señaló que el comportamiento del consumo evidencia una etapa de cautela, con desempeños desiguales entre los distintos sectores y sin señales claras de recuperación sostenida.
En el análisis por rubros, el sector automotor mostró una caída del 4,2% interanual en el patentamiento de autos, lo que marcó el fin de un prolongado período de crecimiento. En contraste, la venta de motocicletas logró sostener una tendencia positiva, con un aumento significativo respecto al año anterior.
El consumo masivo también reflejó el impacto del ajuste en los hogares. La demanda de carne vacuna registró una baja interanual del 6,5%, consolidando una tendencia negativa en los últimos meses. Por otro lado, el expendio de combustibles mostró una leve recuperación, vinculada a una incipiente reactivación de la movilidad.
En el sector gastronómico, la actividad continuó mostrando fragilidad, con caídas en los niveles de concurrencia y consumo. En tanto, algunos segmentos como indumentaria, calzado y artículos recreativos lograron mantenerse estables, con incrementos moderados.
A nivel macroeconómico, otros indicadores también reflejan la desaceleración. La recaudación del IVA registró una caída real del 3,1% interanual, mientras que el financiamiento al consumo, aunque en crecimiento, evidenció una desaceleración en comparación con meses anteriores.
Este panorama confirma que el consumo se mantiene en una etapa de fragilidad, donde predomina la prudencia y las decisiones defensivas. La recuperación dependerá en gran medida de una mejora en las condiciones económicas generales que permita fortalecer el poder adquisitivo y recuperar la confianza de los hogares.






