La senadora tucumana Sandra Mendoza decidió abandonar el interbloque peronista en el Senado, en un movimiento que profundiza la crisis interna del Partido Justicialista y deja al espacio en su nivel de representación más bajo desde el retorno de la democracia en 1983. La ruptura también involucra a los senadores Guillermo Andrada, Carolina Moisés, Fernando Salino y Fernando Rejal, quienes integran el espacio Convicción Federal.
La decisión se formalizaría antes de la sesión preparatoria en la que se definirán autoridades y la integración de las comisiones legislativas, dejando al descubierto una fractura política que ya no puede disimularse dentro del peronismo.
El quiebre se profundizó durante el tratamiento del Presupuesto 2026, cuando Mendoza, Andrada y Moisés votaron a favor del proyecto, en contraposición a la postura del interbloque liderado por José Mayans y alineado con Cristina Fernández de Kirchner. Desde el kirchnerismo interpretaron esa decisión como un acercamiento al oficialismo, mientras que los senadores involucrados defendieron su postura como una medida orientada a garantizar recursos y estabilidad para sus provincias.
En este contexto, también surgieron tensiones vinculadas a la reforma laboral y al rol de los gobernadores del norte en el Congreso. Entre ellos, el mandatario tucumano Osvaldo Jaldo, junto a otros líderes provinciales, fue señalado por sectores kirchneristas como uno de los impulsores de una estrategia de diálogo institucional con el Gobierno nacional.
De confirmarse la ruptura, el interbloque peronista quedará con apenas 25 senadores, lejos de los 37 necesarios para alcanzar el quórum propio. Este escenario representa un mínimo histórico y reduce significativamente la capacidad del PJ para incidir en decisiones clave, como la conformación de comisiones estratégicas y la negociación de proyectos legislativos.
Más allá del impacto numérico, la división refleja una discusión más profunda sobre el rumbo del peronismo. Mientras el sector liderado por Cristina Kirchner sostiene una postura de oposición firme, los senadores que decidieron apartarse plantean la necesidad de una estrategia más dialoguista que permita mayor incidencia política y mejores resultados para sus distritos.
En el caso de Tucumán, la salida de Mendoza también tiene una fuerte lectura provincial, ya que se interpreta como un respaldo a la estrategia del gobernador Osvaldo Jaldo, orientada a mantener una relación institucional con el Ejecutivo nacional y priorizar la gobernabilidad.
La fractura del interbloque peronista expone así un proceso de reconfiguración política en el Senado, en el que el PJ enfrenta el desafío de redefinir su liderazgo, su estrategia y su rol frente al actual escenario político nacional.






