El oficialismo abrió una nueva pulseada política tras el envío de la reforma electoral al Congreso, con un objetivo claro: avanzar con la eliminación de las PASO. Sin embargo, frente a la resistencia de aliados clave como el PRO y la Unión Cívica Radical, en la Casa Rosada ya evalúan alternativas para no perder la iniciativa.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, la idea central del presidente Javier Milei es eliminar definitivamente las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Pero el escenario legislativo es complejo, y dentro del propio oficialismo reconocen que no están garantizados los votos necesarios.
Ante este panorama, comenzó a tomar fuerza un “plan B”: suspender las PASO —como ocurrió en las elecciones de medio término de 2025— o directamente convertirlas en optativas, quitándoles su carácter obligatorio.
“Es muy probable que varios sectores no quieran apoyar la eliminación. Veremos si podemos suspenderlas o hacerlas no obligatorias”, admitió un integrante de la mesa política, que volverá a reunirse en Casa Rosada para definir los próximos pasos.
Mientras algunos sectores del oficialismo insisten en avanzar sin concesiones, los encargados de negociar en el Congreso ya trabajan en una estrategia más flexible para sumar apoyos y destrabar la ley.
Además de las PASO, el proyecto incluye otros puntos sensibles: cambios en el financiamiento de los partidos políticos, modificaciones en los requisitos para presentar listas, la suspensión de la elección directa de parlamentarios del Mercosur y la incorporación de Ficha Limpia.
En Balcarce 50 también dejan trascender algunos “guiños” hacia gobernadores aliados. Entre ellos, la posibilidad de incluir un casillero en la boleta para votar lista completa —lo que facilitaría el arrastre de candidatos locales— y la decisión de descartar, por ahora, un sistema de circunscripciones uninominales.
Puertas adentro del oficialismo aseguran que el camino será similar al de otras reformas: largo, con negociación intensa y concesiones. Aun así, mantienen el optimismo. “Los votos van a estar”, repiten cerca del armado legislativo.
La discusión recién empieza, pero ya deja en evidencia una tensión central: hasta dónde está dispuesto a ceder el Gobierno para avanzar con uno de sus cambios más ambiciosos del sistema político.









