El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, expondrá este miércoles 29 de abril en la Cámara de Diputados en una sesión que ya se anticipa tensa, con la presencia confirmada del presidente Javier Milei y bajo la presión de las denuncias opositoras que rodean al funcionario.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el oficialismo ya definió el esquema del informe de gestión en una reunión clave encabezada por el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Levitt, y el secretario parlamentario, Adrián Pagán, en el Salón Delia Parodi del Congreso.
La sesión arrancará entre las 10 y las 11 de la mañana y se extenderá por aproximadamente seis horas. No habrá reunión previa de Labor Parlamentaria, una decisión que ya genera ruido en la oposición.
Adorni abrirá la jornada con una exposición inicial de una hora, donde hará un repaso de la gestión. Luego comenzará el verdadero termómetro político: los diputados tendrán cinco minutos cada uno para preguntar, en un formato dinámico que buscará ordenar, pero no necesariamente calmar, el debate.
Las intervenciones estarán divididas en tres bloques. Primero participarán los espacios más chicos; luego los interbloques como Innovación Federal, Unidos y Fuerzas del Cambio; y finalmente tendrá su turno Unión por la Patria, el bloque con mayor tiempo asignado.
Tras cada ronda, Adorni responderá durante 20 minutos, agrupando preguntas, en un intento de administrar el desgaste en un contexto donde cada intervención podría escalar la tensión.
El cierre estará a cargo del jefe del bloque libertario, Gabriel Bornoroni, con un discurso breve que pondrá punto final a una jornada que promete ser de alto voltaje político.
En paralelo, la Jefatura de Gabinete enviará un informe escrito con respuestas a unas 2.000 preguntas formuladas por la oposición, un número que originalmente superaba las 4.000 pero fue reducido por repetición de temas.
Con un clima enrarecido por la agenda judicial y la presión política, el oficialismo apuesta a que la exposición funcione como una instancia de orden. La oposición, en cambio, ya afila preguntas para convertir la sesión en un campo de batalla discursivo.









