El precio del petróleo volvió a encender alarmas en los mercados internacionales y ya cotiza en torno a los US$109 por barril, impulsado por la creciente tensión entre Estados Unidos e Irán, sin avances concretos en las negociaciones diplomáticas.
Aunque en las últimas horas registró una leve baja de medio punto porcentual, la tendencia sigue siendo claramente alcista. El principal factor detrás de esta escalada es la incertidumbre en torno al Estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio energético mundial que actualmente se encuentra bloqueado en medio del conflicto.
Por este corredor estratégico circula cerca de un tercio del petróleo que se comercializa globalmente. Su interrupción genera un efecto inmediato: menos oferta disponible y, en consecuencia, una presión directa sobre los precios internacionales.
La falta de resolución entre las potencias no solo mantiene en vilo al mercado energético, sino que ya comienza a trasladarse a otros sectores. Los analistas advierten que esta suba impacta en los commodities, encarece costos de producción y podría trasladarse rápidamente a la inflación a nivel global.
En este escenario, el petróleo vuelve a convertirse en un termómetro geopolítico. Y mientras el conflicto siga sin destrabarse, el mensaje del mercado es claro: la volatilidad llegó para quedarse.









