Tras varios meses con una inflación estabilizada en torno al 2%, economistas creen que podría comenzar una nueva etapa de desaceleración. Sin embargo, alertan que los aumentos regulados y las expectativas ya instaladas podrían complicar el objetivo oficial de perforar ese piso.
El frente inflacionario vuelve a estar en el centro de la escena económica. Luego de meses donde el Índice de Precios al Consumidor se movió alrededor del 2%, distintos analistas consideran que podría comenzar una nueva etapa de desaceleración impulsada por un contexto cambiario más estable y una menor presión sobre los precios relativos.
En el Gobierno celebran el escenario y hablan de un “entorno más constructivo” para la economía. La estabilidad del dólar, la moderación del consumo y el freno de la emisión aparecen como las principales herramientas para sostener el proceso de desinflación.
Sin embargo, los economistas advierten sobre un riesgo que empieza a preocupar: la llamada “inercia inflacionaria del 2%”.
Según explican, después de tantos meses con aumentos mensuales similares, empresas, comercios y consumidores podrían haber naturalizado ese porcentaje como referencia automática para remarcar precios, negociar salarios y ajustar contratos.
En ese sentido, el principal temor pasa por los precios regulados —como tarifas, transporte y combustibles— que continúan presionando sobre el índice general y podrían impedir una baja más pronunciada de la inflación.
“El proceso desinflacionario podría reanudarse, pero los próximos meses serán clave para saber si la inflación logró encontrar un piso difícil de perforar”, sostienen especialistas del sector privado.
Mientras tanto, el Gobierno de Javier Milei mantiene el discurso optimista y apuesta a mostrar una desaceleración sostenida como uno de los pilares centrales de su programa económico rumbo al segundo semestre.









