El gobierno de Javier Milei atraviesa una de sus semanas más contradictorias desde que llegó al poder: mientras la Casa Rosada intenta instalar una agenda económica positiva y exhibir señales de recuperación, puertas adentro se profundiza una feroz interna entre dos de los sectores más influyentes del oficialismo, encabezados por Santiago Caputo y Martín Menem.
La estrategia del Presidente y de su equipo económico apunta a reforzar la idea de que el modelo libertario empieza a mostrar resultados concretos. En ese marco, el Ejecutivo difundió una batería de datos que considera clave para consolidar la confianza de los mercados y sostener expectativas positivas sobre el rumbo económico.
Uno de los principales argumentos oficiales es la acumulación de reservas. Según destacan en el entorno libertario, la gestión de Milei ya consiguió más de 30.000 millones de dólares a través de compras del Banco Central, mientras que solo en lo que va del año el BCRA acumuló USD 8.851 millones, muy por encima de los registros de las últimas administraciones.
A esto se suman los números difundidos por el Ministerio de Economía respecto al Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). De acuerdo con los datos oficiales, marzo registró un crecimiento del 3,5% mensual desestacionalizado y del 5,5% interanual, alcanzando un nuevo máximo histórico.
Desde el oficialismo remarcan además que 14 de los 15 sectores relevados mostraron mejoras interanuales, con fuerte protagonismo del agro, la industria, la minería y el transporte.
En paralelo, Milei volvió a enviar señales directas al campo y prometió avanzar hacia “retenciones cero” en un eventual segundo mandato, luego de anunciar una nueva baja impositiva para el sector agropecuario durante un acto en la Bolsa de Cereales.
El Gobierno también intenta despejar uno de los fantasmas que más preocupa a los inversores: la posibilidad de un regreso del kirchnerismo al poder. En el equipo económico aseguran que el llamado “riesgo kuka” es “cero” y sostienen que el modelo libertario llegó para quedarse.
Pero toda esa construcción narrativa choca de frente con la creciente pelea interna que atraviesa a La Libertad Avanza y que explotó públicamente tras el escándalo alrededor de la cuenta anónima de X “Periodista Rufus”.
El enfrentamiento entre Santiago Caputo y Martín Menem dejó de ser un simple cortocircuito interno para transformarse en una disputa abierta de poder dentro del corazón del oficialismo.
Mientras Menem insiste en negar cualquier vínculo con la cuenta y reclama que las diferencias se resuelvan “en el vestuario”, desde el espacio alineado con Caputo no solo sostienen que el titular de Diputados estuvo detrás de las publicaciones, sino que además aseguran que le habría mentido al propio Presidente.
Lejos de apagarse, la tensión promete seguir escalando. Aunque en sectores cercanos al karinismo deslizan la posibilidad de una foto de unidad en los próximos días, distintas fuentes admiten que no existe hoy una verdadera reconciliación entre las partes.
En el medio queda Javier Milei, obligado a equilibrar una convivencia cada vez más frágil entre dos figuras fundamentales de su armado político. Por un lado, Santiago Caputo, a quien el Presidente definió públicamente como “un hermano”; por el otro, Martín Menem, hombre de extrema confianza de Karina Milei y pieza central del armado legislativo libertario.
La disputa interna amenaza con opacar el relato económico que intenta construir el Gobierno y abre interrogantes sobre cómo impactará esta pelea en la gobernabilidad y en el futuro político de La Libertad Avanza.









