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¿La casta eran los otros?

Las últimas declaraciones de Manuel Adorni abrieron un debate que va mucho más allá de una declaración jurada o de una inversión en criptomonedas.

Durante años, la política argentina estuvo atravesada por un reclamo social muy fuerte: transparencia, coherencia y ejemplaridad de quienes ocupan cargos públicos. Ese reclamo fue uno de los motores que impulsó el crecimiento de Javier Milei y de La Libertad Avanza.

Por eso, la polémica que hoy envuelve al jefe de Gabinete tiene una dimensión política que excede cualquier cuestión técnica o judicial.

Adorni reconoció haber tenido fondos que no habían sido declarados, provenientes —según explicó— de ahorros e inversiones en criptomonedas realizadas antes de ingresar al Gobierno. También presentó declaraciones juradas rectificativas e intentó encuadrar la situación dentro del régimen de regularización fiscal impulsado por la propia administración libertaria.

La pregunta no es solamente si existió o no delito. Eso deberá determinarlo la Justicia.

La verdadera discusión es política: ¿puede un funcionario que construyó buena parte de su discurso cuestionando privilegios, irregularidades y falta de transparencia admitir ahora que mantuvo dinero fuera del radar fiscal durante años?

Porque en política, muchas veces, la vara moral suele ser más exigente que la judicial.

A esto se suma otro elemento sensible. Durante el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, Adorni fue uno de los principales encargados de defender al Gobierno y minimizar las críticas. Hoy, la aparición de movimientos vinculados al mundo cripto dentro de las investigaciones sobre su patrimonio inevitablemente genera nuevas preguntas.

No significa culpabilidad. Significa que la sociedad tiene derecho a exigir explicaciones claras, completas y verificables.

La discusión tampoco es económica. Nadie cuestiona que una persona pueda ahorrar, invertir o generar ingresos legítimos en el sector privado. El punto es la transparencia con la que esos recursos son informados cuando se asume una función pública.

En una Argentina agotada por los privilegios de la dirigencia, la credibilidad se transforma en un activo tan importante como cualquier patrimonio.

Y ahí aparece el problema central para el Gobierno.

La Libertad Avanza llegó al poder prometiendo terminar con la casta política. Pero cuando las dudas alcanzan a funcionarios propios, la sociedad espera la misma severidad que durante años se aplicó a los adversarios.

La confianza pública no se construye solamente con discursos. Se sostiene con ejemplos.

Porque si la transparencia es un valor, debe serlo para todos.

Y si la vara moral cambia según quién esté involucrado, entonces el riesgo es que la famosa casta no haya desaparecido.

Simplemente haya cambiado de nombre.

Boby Alaniz.

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