Dom 14, junio, 2026
loader-image
Tucumán
San Miguel de Tucumán, AR
15:15, Jun 14, 2026
temperature icon 12°C
nubes
91 %
1022 mb
3 mph
Ráfagas de viento: 4 mph
Clouds: 100%
Visibilidad: 10 km
Amanecer: 08:07
Atardecer: 18:35
Blue
ARS
Oficial
ARS

El Padrino IV: Los herederos del poder

En política, como en las sagas de El Padrino, la sangre importa, pero la lealtad importa más.

Y en Tucumán, mientras muchos siguen mirando las próximas elecciones, el gobernador Osvaldo Jaldo parece estar concentrado en algo más inmediato: identificar quiénes le ofrecen certezas hoy.

La política tucumana atraviesa una etapa de redefiniciones silenciosas. No hay grandes rupturas, no hay declaraciones altisonantes ni portazos. Pero sí señales. Y las señales, en política, suelen anticipar los cambios antes que los discursos.

La inclusión de dirigentes vinculados al sector de Sergio “la burra” Mansilla en espacios sensibles de la estructura electoral del Pj provincial, junto a la salida de figuras identificadas con otros sectores internos, parece responder a una lógica sencilla: premiar la previsibilidad.

Mansilla entendió el mensaje antes que muchos. Aceptó quedar detrás de su esposa en la disputa electoral y terminó accediendo a una banca por corrimiento. En un sistema donde abundan los dirigentes que exigen lugares antes de demostrar compromiso, el gesto fue leído como una prueba de fidelidad.

Pero el fenómeno excede al peronismo.

Si algo caracteriza a Jaldo es su pragmatismo. Por eso resulta difícil ignorar el valor político que hoy tienen aliados circunstanciales que provienen de otros espacios.

Y si hay un nombre que volvió a aparecer con insistencia en los pasillos de la política tucumana es el de Germán Alfaro.

Durante años fue el principal adversario del peronismo provincial. Hoy, sin fotos grandilocuentes ni anuncios formales, su vínculo con el poder parece transitar una etapa distinta. No se trata necesariamente de coincidencias ideológicas. Se trata de algo mucho más práctico: la construcción de canales de diálogo en un tiempo donde los acuerdos valen más que las consignas.

En ese esquema, el alfarismo conserva una carta de enorme valor político: la senadora Beatriz Ávila.

Mientras gran parte de la dirigencia opositora tucumana quedó atrapada en disputas domésticas, Ávila logró construir volumen propio en el Senado de la Nación. Su participación en temas vinculados a infraestructura, transporte, justicia y obras estratégicas para la provincia le permitió convertirse en una interlocutora escuchada tanto en Buenos Aires como en Tucumán.

Para Jaldo, que necesita resultados concretos más que gestos simbólicos, ese activo tiene un valor evidente. Porque en tiempos de fragmentación política, los dirigentes capaces de tender puentes institucionales cotizan más que quienes solamente acumulan declaraciones.

No es casual que, mientras algunos sectores insisten en profundizar grietas, otros trabajen silenciosamente en sostener canales de diálogo. La política tucumana siempre fue más pragmática de lo que admite en público. Y el vínculo entre el oficialismo provincial y sectores del alfarismo parece ser una muestra de ello.

Mientras tanto, el vicegobernador Miguel Acevedo conserva centralidad institucional y la intendenta Rossana Chahla continúa fortaleciendo su liderazgo desde la gestión municipal. Ambos siguen siendo actores determinantes dentro del oficialismo, aunque los movimientos recientes sugieren que la discusión ya no gira exclusivamente alrededor de las estructuras tradicionales del peronismo.

Lo que está en juego es algo más profundo: la construcción de una nueva mayoría de poder.

Una mayoría integrada por quienes pueden ofrecer gobernabilidad, respaldo legislativo, volumen territorial o vínculos nacionales. Una mayoría donde las identidades partidarias parecen importar menos que la utilidad política.

Por eso quizá el dato más relevante de las últimas semanas no sea quién se acerca o quién se aleja.

El dato relevante es que Jaldo parece haber tomado una decisión estratégica: gobernar con quienes le garantizan el presente.

Después de todo, en El Padrino, las sucesiones nunca se definían por afecto.

Se definían por confianza.

Y en la Tucumán de hoy, la confianza se convirtió en la moneda más valiosa del poder.

La Licenciada

Compartir en: