El mercado cambiario cerró junio con un dato que no pasó desapercibido: el dólar oficial acumuló una suba cercana al 5% durante el mes, un incremento que superó ampliamente las expectativas de inflación y que volvió a poner el foco sobre la evolución del tipo de cambio de cara al segundo semestre.
Aunque en los últimos días la cotización mostró estabilidad, el recorrido mensual dejó en evidencia una mayor presión sobre la divisa, impulsada por distintos factores que coincidieron en este período.
Entre ellos, los analistas destacan la mayor demanda de dólares para gastos en el exterior durante el Mundial de fútbol, la desaceleración en el ingreso de divisas del sector agroexportador y la menor colocación de deuda por parte de empresas, factores que redujeron la oferta de moneda extranjera en el mercado.
A esto se suma la expectativa por el importante vencimiento de deuda que el Gobierno deberá afrontar el próximo 9 de julio, cuando deberá desembolsar alrededor de US$4.300 millones, una situación que también genera movimientos preventivos entre los inversores.
En paralelo, el Banco Central moderó el ritmo de compra de reservas durante junio. Si bien continuó interviniendo en el mercado, el volumen adquirido fue considerablemente menor al registrado en mayo, luego de haber alcanzado las metas previstas con el Fondo Monetario Internacional.
Pese al avance del dólar, economistas consideran que el impacto sobre la inflación sería limitado. Las proyecciones privadas estiman que el índice de precios de junio volvería a ubicarse en torno al 2%, manteniendo la desaceleración observada en los últimos meses.
Otro dato que dejó el mes fue el deterioro de las estrategias financieras conocidas como «carry trade». La suba del tipo de cambio hizo que quienes apostaron por inversiones en pesos registraran pérdidas medidas en dólares, cortando varios meses consecutivos de rendimientos positivos.
Con un escenario internacional más desafiante, una menor oferta estacional de divisas y la necesidad de seguir fortaleciendo las reservas, el Gobierno afronta un segundo semestre en el que deberá buscar equilibrio entre estabilidad cambiaria, acumulación de dólares y continuidad del proceso de desinflación.








