El Gobierno nacional reconoció que existe un «enorme malestar» en la relación diplomática entre Argentina y Brasil, luego de la escalada de declaraciones entre el presidente Javier Milei y su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Según trascendió, en la Casa Rosada admiten que el vínculo político atraviesa uno de sus momentos más delicados, aunque aseguran que las diferencias no afectarán la relación comercial entre ambos países. «Lo diplomático y lo comercial corren por cuentas separadas en este caso», señalaron fuentes del Gobierno.
La tensión aumentó después de que Milei calificara a Lula como «basura socialista», «ladrón» y «presidiario», además de cuestionar al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, quien impidió una visita del mandatario argentino al expresidente Jair Bolsonaro.
Tras esos dichos, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil convocó al embajador argentino en ese país, Daniel Raimondi, y llamó a consultas a su representante en Buenos Aires, Julio Bitelli, en una señal de fuerte descontento diplomático.
En un comunicado oficial, el gobierno brasileño expresó que «no hay precedentes de un presidente extranjero que, en territorio nacional, haya acumulado agresiones y ofensas contra el Jefe de Estado, las instituciones democráticas y el pueblo brasileño», y calificó el episodio como «lamentable» entre dos países con más de dos siglos de relaciones diplomáticas.
Desde el oficialismo argentino, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, defendió la postura del Presidente y recordó que dirigentes brasileños respaldaron públicamente a Sergio Massa durante la campaña presidencial de 2023. «Que no se rasguen las vestiduras; vinieron acá a hacer campaña y dijeron barbaridades del Presidente», afirmó.
Pese al fuerte cruce político, en el Gobierno argentino descartan que el conflicto derive, por el momento, en consecuencias para el intercambio comercial entre ambos países, principales socios dentro del Mercosur.







