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La batalla por la Ciudad Jardín

Con las elecciones provinciales del 9 de mayo de 2027 cada vez más cerca, Yerba Buena empieza a convertirse en uno de los principales escenarios de la disputa política tucumana. Pablo Macchiarola busca la reelección, La Libertad Avanza apuesta por el empresario Agustín “Ayo” Delacroix y el peronismo avanza hacia la construcción de una candidatura única. En ese escenario, Raúl Ferrazzano mostró este viernes capacidad de convocatoria reuniendo a dirigentes políticos y distintos sectores de la sociedad yerbabuenense.

Yerba Buena no es una ciudad más en el mapa electoral tucumano. Por su crecimiento, su peso económico y social y su importancia dentro del área metropolitana, la Ciudad Jardín se convirtió en uno de los territorios políticos más relevantes de la provincia.

Y la carrera hacia 2027 ya comenzó.

Con las elecciones provinciales fijadas para el 9 de mayo, tres espacios empiezan a delinear sus estrategias y tres nombres ocupan hoy buena parte de la escena: Pablo Macchiarola, Agustín “Ayo” Delacroix y Raúl Ferrazzano.

No representan solamente partidos diferentes. También expresan trayectorias, experiencias y concepciones distintas sobre cómo gobernar una ciudad que creció aceleradamente y que enfrenta desafíos cada vez más complejos en materia de tránsito, urbanización, infraestructura, seguridad, servicios e integración territorial.

Macchiarola: la continuidad

Pablo Macchiarola buscará su reelección.

El actual intendente confirmó públicamente su intención de competir por un segundo mandato y apuesta a presentar la gestión municipal como su principal carta electoral.

Macchiarola forma parte del espacio político que gobierna Yerba Buena desde 2015, cuando Mariano Campero llegó a la Intendencia. Tras ocho años de administración camperista, asumió el municipio en 2023 y ahora pretende prolongar ese ciclo político por otros cuatro años.

Su fortaleza política está asociada precisamente a esa continuidad: conduce el municipio, cuenta con una estructura territorial consolidada y puede exhibir obras y servicios realizados durante su gestión.

Pero también carga con el desgaste natural de un espacio que llegará a las próximas elecciones después de doce años consecutivos administrando la ciudad.

La discusión que propone Macchiarola será, en buena medida, una evaluación sobre ese ciclo: cuánto cambió Yerba Buena durante esos años y cuánto pudo acompañar el municipio el extraordinario crecimiento urbano de la ciudad.

Delacroix: la apuesta libertaria

La Libertad Avanza decidió jugar con candidato propio.

El elegido es Agustín “Ayo” Delacroix, empresario gastronómico de Yerba Buena y propietario de Casa Croix, quien tuvo además una etapa profesional vinculada a la Justicia Federal antes de concentrarse en la actividad privada.

Su candidatura fue confirmada esta semana con el respaldo de Lisandro Catalán, referente provincial de La Libertad Avanza y candidato a gobernador.

La decisión terminó además con las especulaciones sobre otros nombres que habían circulado durante los últimos meses dentro del espacio libertario.

Delacroix representa un perfil diferente al de los dirigentes tradicionales: proviene fundamentalmente de la actividad empresarial y llega a la competencia municipal sin haber construido previamente una extensa trayectoria electoral.

Su desafío será transformar reconocimiento social y actividad privada en construcción política y territorial.

La aparición de un candidato propio de La Libertad Avanza agrega además una variable importante: Macchiarola y Delacroix podrían disputar sectores parcialmente coincidentes del electorado opositor al peronismo.

Ferrazzano: experiencia de gestión y construcción territorial

Del otro lado aparece Raúl Ferrazzano, de 50 años.

Abogado, exlegislador provincial y actual fiscal de Estado adjunto de Tucumán, desarrolló buena parte de su carrera dentro de la gestión pública. También ocupó responsabilidades en la ANSES y otros organismos estatales.

Su perfil combina experiencia institucional, actividad política y gestión.

Pero Ferrazzano intenta agregar ahora otro componente: territorio.

Este viernes mostró músculo político en Yerba Buena, con una convocatoria que reunió a dirigentes políticos, profesionales, empresarios, comerciantes, jóvenes y vecinos de diferentes sectores de la ciudad, acompañado por Miguel Acevedo y varios funcionarios del Jaldismo

El encuentro tuvo un doble mensaje.

Por un lado, expresar el respaldo político a la fórmula provincial encabezada por Osvaldo Jaldo y Miguel Acevedo.

Por otro, comenzar a mostrar el proyecto municipal con el que Ferrazzano pretende disputar la conducción de Yerba Buena.

La amplitud de la convocatoria buscó exhibir una construcción que trascienda las estructuras tradicionales del justicialismo y alcance también a sectores independientes de la sociedad yerbabuenense.

Ese dato no es menor.

Dentro del propio peronismo local comenzó a instalarse con fuerza la idea de llegar a 2027 con un solo candidato a intendente y evitar la histórica dispersión electoral del espacio.

El concejal Walter “Kabuby” Aráoz planteó públicamente esta semana esa necesidad y sostuvo que el candidato deberá tener capacidad para llegar también al vecino independiente y desencantado.

Ferrazzano busca posicionarse dentro de ese proceso mostrando gestión, propuestas y capacidad de convocatoria.

Una ciudad que cambió

Pero detrás de los nombres existe una discusión más profunda.

¿Qué Yerba Buena deberá gobernarse a partir de 2027?

La ciudad cambió radicalmente.

El crecimiento inmobiliario, la expansión comercial, el aumento del parque automotor y la construcción en altura modificaron su dinámica urbana.

Los problemas también cambiaron de escala.

El tránsito ya no puede resolverse únicamente colocando semáforos. La urbanización no puede administrarse exclusivamente mediante excepciones. Los problemas hídricos exceden algunos canales. Y los accesos dependen cada vez más de lo que sucede fuera de los límites administrativos del municipio.

Por eso la próxima elección probablemente no discuta solamente quién será intendente.

También pondrá en debate qué modelo de ciudad necesita Yerba Buena para los próximos veinte años.

Las propuestas empiezan a ocupar el centro

Ferrazzano viene intentando instalar esa discusión mediante una serie de propuestas.

Una de ellas es “Una Sola Yerba Buena”, orientada a disminuir las diferencias de infraestructura y servicios existentes entre distintos sectores de la ciudad.

Dentro de ese esquema propone crear un Fondo Municipal de Integración Territorial, financiado mediante herramientas vinculadas al desarrollo urbano, para destinar recursos a infraestructura en los sectores con mayores necesidades.

La iniciativa se complementaría con un Presupuesto Participativo, para que los vecinos intervengan en la definición de las prioridades de inversión de sus barrios.

A ello suma la propuesta del “Gran Yerba Buena”: un ámbito permanente de coordinación entre el municipio y las comunas vecinas para abordar problemas que ya superaron las fronteras administrativas, como tránsito, transporte, seguridad, ambiente, infraestructura hídrica y desarrollo urbano.

La idea parte de un diagnóstico sencillo: Yerba Buena ya no puede planificarse como una isla.

Tres perfiles frente a una misma ciudad

Así comienza a configurarse una competencia con tres perfiles claramente diferenciados.

Macchiarola representa la continuidad de una gestión municipal que deberá defender doce años de un mismo ciclo político.

Delacroix representa la incorporación de un empresario a la competencia electoral bajo el sello de La Libertad Avanza.

Ferrazzano representa la experiencia política y de gestión pública, combinada ahora con una construcción territorial que busca ampliar las fronteras tradicionales del peronismo.

Todavía falta mucho para mayo.

Las candidaturas deberán consolidarse, las alianzas terminarán de definirse y el peronismo tendrá que resolver finalmente quién representará al espacio en la elección municipal.

Pero algo ya cambió.

La batalla por la Ciudad Jardín comenzó a jugarse.

Y después de años en los que el oficialismo municipal dominó con comodidad el escenario local, Yerba Buena empieza a entrar en una nueva etapa política: más competitiva, con nuevos actores y, sobre todo, con una discusión que ya no pasa solamente por administrar la ciudad existente, sino por decidir qué ciudad construir hacia el futuro.

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