El histórico puente Sarmiento de San Miguel de Tucumán podría ser reemplazado por una nueva estructura de seis carriles para aliviar los congestionamientos que afectan diariamente a miles de automovilistas. La Municipalidad cuenta con un proyecto presupuestado en $2.500 millones en abril de 2026, pero todavía no hay fecha de inicio ni financiamiento confirmado para ejecutar la obra.
Construido alrededor de 1908, el viaducto tiene unos 260 metros de extensión y apenas dos carriles para la circulación en ambos sentidos. Su capacidad resulta insuficiente para el tránsito actual y el problema se agrava por la escasez de cruces alternativos sobre las vías ferroviarias. El túnel de calle Mendoza suele quedar fuera de servicio por inundaciones y otros inconvenientes, mientras que el paso a nivel de calle San Juan también presenta dificultades de circulación.
La ampliación lleva décadas en discusión. Hubo anuncios durante los años 90 y a comienzos de los 2000, y en 2022 las autoridades provinciales y municipales volvieron a plantear la posibilidad de avanzar con el proyecto. Sin embargo, ninguna de esas iniciativas se concretó. En los últimos meses, la propuesta recuperó protagonismo con el debate sobre la renovación urbana de la zona y las iniciativas presentadas por legisladores y concejales.
La intendenta Rossana Chahla también pidió el acompañamiento financiero del gobernador Osvaldo Jaldo durante la inauguración del Mercado de la Ciudad, el 13 de agosto. La intervención volvió a instalarse entre las prioridades de infraestructura de la Capital, aunque todavía resta definir cómo se financiará y cuándo comenzarán los trabajos.
Entre las alternativas analizadas, el arquitecto Luis Lobo Chaklián consideró que la mejor solución sería construir un nuevo puente con tres carriles por sentido. Según explicó, una estructura premoldeada permitiría organizar la obra mediante componentes fabricados previamente. En cambio, descartó eliminar el viaducto para habilitar un cruce ferroviario a nivel o limitar la intervención a la construcción de pasarelas laterales.
Uno de los principales obstáculos será el impacto sobre el tránsito: de acuerdo con las estimaciones mencionadas, las obras exigirían mantener cerrado el puente durante más de cuatro meses. La falta de vías alternativas obligaría a diseñar desvíos y un operativo especial para evitar que la congestión se extienda a otras calles.
Después de décadas de propuestas que no llegaron a concretarse, el desafío será transformar el proyecto en una obra efectiva. Para ello, el Municipio y la Provincia deberán acordar el financiamiento, actualizar los costos y establecer un cronograma que permita modernizar uno de los corredores estratégicos de San Miguel de Tucumán.











