jueves 30 , mayo, 2024
San Miguel de Tucumán

Ganadores a la Labor Periodística

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Daños irreparables

 Daños irreparables

Dos confirmaciones quedaron expuestas en el oficialismo y en la oposición tras esta semana. Una, que Juan Manzur se fue muy mal del Gobierno nacional. Y, la otra, que más allá de que pueda haber acuerdo en Juntos por el Cambio, el daño que se ha producido después de tanto manoseo es irreversible.

El discurso que el gobernador pronunció el jueves ante la Legislatura ratificó lo que en el Frente de Todos se venía barajando: Manzur tuvo que apresurar su regreso a Tucumán porque así lo quiso el presidente, Alberto Fernández. En rigor, en la cabeza del mandatario no estaba previsto volver con tanta antelación a la provincia y así lo dejaba trascender ante sus colaboradores; incluso hasta horas antes de aquella siesta del 7 de febrero. Ese día y desde suelo tucumano, el Presidente anunció desde un escenario que “devolvía” a Manzur a los tucumanos. Y la devolución se concretó en tiempo récord: apenas una semana después.

Son muchos los oficialistas que están convencidos de que el propio Manzur fue sorprendido en el escenario por aquel mensaje de Alberto Fernández. Quizás por eso leyó un discurso en el que ni siquiera citó a su ex jefe por el nombre. Por el contrario, utilizó un distante y frío “Presidente” para referirse a él. Tampoco agradeció la asistencia que pueda haber dado la Nación a la Provincia en estos años de gestión, aunque sí ponderó lo que llegó a Tucumán mientras él se desempeñó como jefe de Gabinete, a lo largo de poco más de 500 días.

Si ese olvido se relaciona con el primer gesto que tuvo Manzur tras dejar su despacho en la Casa Rosada, no puede más que concluirse que el tucumano comenzó a despegarse del Presidente que él mismo impulsó. En la mañana del 16 de febrero, al reasumir como titular del Poder Ejecutivo, el ex ministro de Salud nacional se mostró con Eduardo “Wado” de Pedro y elogió su figura. Lo curioso es que el ministro del Interior y líder de La Cámpora venía de cuestionar en público al jefe de Estado. Es decir, horas después de su eyección del Gobierno nacional compartió cena y acto con un posible rival de Alberto en las Primarias de agosto.

Aunque en el manzurismo aún sostengan que la decisión de colarse en la compulsa nacional del Frente de Todos aún permanece intacta, los hechos indican que se trata más de un anhelo del tucumano que de una posibilidad sólida. Manzur, desde su regreso, ni siquiera pisó suelo porteño con la frecuencia que lo hacía antes: voló una vez a Buenos Aires, y fue este martes. El argumento, es que, de aquí al 14 de mayo, estará abocado a la campaña electoral provincial y que luego, se dedicará a reinstalarse en el escenario nacional. En política, y más en un contexto resbaladizo como el actual, 90 días por fuera del radar pueden ser determinantes para el éxito o el fracaso de cualquier proyecto.

En definitiva, Manzur afronta un riesgo que no había previsto cuando diagramó su 2023.

Acorralados

El peligro no sólo acecha al gobernador, sino también a los principales referentes de la oposición. Ocurre que a Juntos por el Cambio se le avecinan exactamente 10 días vitales para su futuro político en Tucumán.

Independientemente de que hasta el 12 de abril se pueden presentar los candidatos ante la Junta Electoral Provincial, hay un plazo que apremia a los opositores: la fecha tope para haber convocado a las internas que definan las candidaturas es el 14 de marzo. Es decir, hasta ese día la coalición ya tendría que haber acordado sus postulantes, por más que se trate de una lista única. Y, además, tendría que haber cumplido con un cronograma electoral interno. Desde luego, nada de eso se resolvió aún.

Por yerros propios, algunos conscientes y otros no, la alianza que obtuvo casi 400.000 votos en noviembre de 2021 llegó a 2023 dentro de una encerrona a la que no le encuentra salida. Y que, más allá de cómo termine, tendrá consecuencias.

En esta semana, Germán Alfaro y Roberto Sánchez volvieron a exponer sus desencuentros. Al punto que cuando el intendente de la Capital viajó a Buenos Aires para abordar la crisis de la coalición, el diputado se subió a un avión y se volvió a Tucumán. En consecuencia, el presidente de la UCR esquivó un eventual mitin en oficinas porteñas con el líder del Partido por la Justicia Social. Y lo hizo porque sabía lo que le iban a pedir para encontrar una salida al armado de la fórmula. El PRO le sugiere al concepcionense que se diriman los lugares del binomio mediante encuestas, con el argumento de que Alfaro se lanzó hace poco más de una semana como candidato a gobernador. Lo justo, aducen, es medir nuevamente a ambos. Pero el ex piloto descartó esa posibilidad y el radicalismo insiste con su apuesta: si Alfaro quiere ser el uno debe ceder la Municipalidad; de lo contrario, tiene que aceptar la postulación a vicegobernador.

En el medio surgió otra alternativa, dicen que a impulso del alfarismo: que Sánchez se quede con la fórmula, y que el PJS se aboque exclusivamente a la disputa en San Miguel de Tucumán. Al diputado esa idea no le desagrada, pero al resto de los radicales espanta. Es obvio: el costo de una eventual derrota recaería sólo en la figura del presidente de la UCR. Además, con Alfaro concentrado en la Capital y en retener la Intendencia; ¿por qué habría de aportar recursos, compromiso y estructura para la candidatura de una fórmula que no integra?

Hay señales más preocupantes –y más urgentes- sobre la mala salud de la que goza JxC. En menos de 72 horas vence el plazo para inscribir los frentes electorales y, hasta ahora, macristas, alfaristas y radicales se acusan mutuamente. En el PRO y en el PJS aducen que nadie los invitó a sumarse al sello anotado por la UCR, que en una intempestiva jugada se apropió de la denominación Juntos por el Cambio. En tanto, en el radicalismo replican que sí lo hicieron. La realidad es que nadie quiere dar ese paso hasta tanto no se defina cómo se repartirán las candidaturas, porque ninguno está dispuesto a ceder en sus pretensiones.

Más allá de cómo se salga de este embudo al que cayó Juntos por el Cambio, ya hay secuelas que tornan sombrío cualquier pronóstico. Incluso dentro de las estructuras que lideran Alfaro y Sánchez. El intendente de la Capital perdió a su principal referente en el Oeste: el legislador Raúl Albarracín, ahora aliado de Osvaldo Jaldo. Y el diputado se quedó sin un jugador clave en el Este: el intendente de Bella Vista Sebastián Salazar, que se fue con Alfaro. La sangría para ambos será mayor a medida que se resuelvan las listas legislativas, pero será más dura de digerir para el radical porque la interna en ese partido es despiadada. Silvia Elías de Pérez y Mariano Campero, dos de las espaldas más fieles que tiene el concepcionense, miran con cierto recelo cómo Ariel García y su Movimiento Boina Blanca avanzan en el entorno del diputado. El reparto de los lugares en las nóminas oficiales de cada sección electoral puede profundizar ese malestar.

De la misma manera, la presión de CREO por una definición en JxC suma tensión al sanchismo. En particular, porque el concepcionense se apresuró en noviembre al presentar una fórmula con Sebastián Murga. Luego de haber puesto tres veces a disposición su lugar en el binomio, el titular de la Sociedad Rural de Tucumán se inclina por estas horas más por postularse para la intendencia de Yerba Buena que por seguir siendo parte del tironeo opositor. De concretarse, sería otro elemento de incomodidad para Campero, que busca asegurar la sucesión en su ciudad con Pablo Macchiarola y desembarcar con peso en la Legislatura. Tanta dispersión puede atentar contra ese plan original. Y dejar más heridos de los que ya tiene esta batalla interna en Juntos por el Cambio.

Fuente y foto La Gaceta Tucumán

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