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El fenómeno Milei: ¿el último grito de un país a la deriva sin camino?

 El fenómeno Milei: ¿el último grito de un país a la deriva sin camino?

El asunto es por dónde comenzar. Cuando algo se desordena tanto, volver a poner las cosas en su lugar es el segundo paso. El primero es resolver cómo hacerlo. En ese desconcierto se encuentra la Argentina, con el agravante de que hay un riesgo latente de que ya sea demasiado tarde para encontrar cómo encaminar este desbarajuste.

Pieza por pieza, sugieren los especialistas en restauración. En este caso, lo prioritario sería entender qué es lo que pasó. La primera certeza que arrojó la elección del domingo pasado es que la grieta política, de la manera menos pensada, se terminó. O al menos se cortó, aunque sea circunstancialmente. Hubo un elemento disruptivo que acabó con ese maniqueísmo entre kirchnerismo y macrismo que tanto estancamiento le generó a la Argentina. La irrupción de Javier Milei, con los matices que puedan plantearse, alborotó el escenario. No sólo porque venció en 16 distritos -entre estos, algunos que tenían la pulsera de exclusividad del peronismo, como Tucumán o Salta-, sino también porque ahora nadie sabe cómo salir de la turbación. La analista Analía del Franco lo resume muy bien. “Era tanta la expectativa de salir de la grieta que finalmente alguien lo logró, logró que la grieta tradicional se disipara. El eje hoy está en otra posición”, sostuvo la consultora.

Dicho esto, vale aquí colocar un asterisco. El resultado de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) no permite a nadie cantar victoria. El escrutinio definitivo achicó aun más las cifras; y entre el primero y el tercero hay tres puntos porcentuales de diferencia. Es decir, las chances de cada uno están abiertas. Siguiendo con esta idea de que el eje se corrió, el desafío de los principales postulantes a la Presidencia será encontrar la forma de sostener y de fidelizar los votos obtenidos, y de ampliar las adhesiones. El riesgo es enorme, porque quien se equivoque perderá.

Y en eso de los yerros, el desacierto más reciente que cometió buena parte de la dirigencia es subestimar al electorado de Milei. En la semana que pasó muchos intentaron reducir el impacto de La Libertad Avanza a un voto bronca y volátil, propio de las PASO. Aseguran que en octubre, cuando esté en juego la gobernabilidad del país, primará el sufragio conservador o temeroso por sobre el pasional. Sin dudas hay un componente de hastío y de reproche en las adhesiones al libertario, pero ese cachetazo venía siendo contenido desde hace varias elecciones por la sociedad, que ahora se animó a soltar la mano y dar el golpe. La secuencia de efervescencia y de furor posterior a las PASO, por todo lo que rodee a Milei, es una señal de que la desestimación de lo que pasó en las urnas no es el camino más adecuado.

Tampoco lo es suponer que Milei obtuvo más del 30% de los votos porque gobernadores, intendentes y dirigentes del PJ no trabajaron para mostrarle a Sergio Massa lo necesario e importante que son. Por supuesto que mucho “juego al quedo” hubo. Hay un ejemplo cercano: Juan Manzur nunca se puso al frente de la campaña por el tigrense y esa apatía se trasladó a las bases. El día de la elección hubo jefes municipales y legisladores tucumanos que ni siquiera abrieron sus sedes políticas. El resultado, aunque el mandatario saliente asevere que no lo perturbe, sí tiene consecuencias históricas. Como presidente del Partido Justicialista, el ex jefe de Gabinete de Alberto Fernández llevó al peronismo a su primera derrota electoral en Tucumán en 28 años. Desde luego, el más preocupado por esto es el gobernador electo, Osvaldo Jaldo. El “Comisario” necesita que cuando comience su gestión haya un interlocutor válido en la Casa Rosada, y Milei no ofrece esas garantías precisamente. Por eso urgía a Jaldo sentarse mano a mano con Massa y prometerle que revertirán el derrumbe tucumano.

Los datos de las urnas son elocuentes: el postulante de Unión por la Patria no ganó en ninguno de los circuitos de la Capital y, peor aun, en ninguna escuela. Más detalle para graficar lo sucedido: en escuelas céntricas y en esa franja imaginaria que corre alrededor de la avenida Mate de Luna hacia Yerba Buena, la vencedora fue Patricia Bullrich. En tanto, el liberalismo creció en la periferia y en barriadas tradicionalmente fieles al PJ. Cuanto menos, es curioso dónde reside el núcleo de votantes tucumanos de Milei, que tilda de estafa y de mentira al concepto de justicia social. Tampoco es casualidad que radicales y peronistas hayan hablado de esto durante la semana.

Siguiendo en la línea de lo que ocurrió en esta parte del país en las PASO, tres nombres emergen a nivel local: Ricardo Bussi, Mariano Campero y Pablo Yedlin. El titular de Fuerza Republicana tuvo la virtud de elegir bien con quién aliarse. Su olfato y sentido de la oportunidad le devolvieron la sonrisa que el derrumbe en los comicios provinciales le había quitado. Aun más, entre las PASO de 2021 y las de 2023, Bussi se despegó de 73.000 votos a 252.000. No obstante, no todo es algarabía: Milei tuvo 343.000 votos y él, 253.000. Unos 90.000 acompañamientos menos.

El radical, en tanto, tuvo revancha después de dos años. En aquellas Primarias, perdió ante Germán Alfaro por unos 6.000 votos la candidatura a senador y ahora le ganó la de diputado por unos 20.000 sufragios. La victoria tiene además otro sabor: el intendente yerbabuenuense le propinó a su par capitalino el palazo final para sacarlo del medio, al menos en el corto plazo. Lo del líder del Partido por la Justicia Social en este año es delicado: dilapidó la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, que ya era bastión opositor, y en las PASO perdió frente a Campero incluso en su sección electoral. Sumado a esto, su postulante a presidente, Horacio Rodríguez Larreta, también quedó fuera del juego.

La revuelta en el alfarismo ha comenzado: Valeria Amaya, como segunda candidata a diputada, había pedido permiso para ponerse a disposición de Campero. Se lo otorgaron pero acudió a la cita en la “Ciudad Jardín” con tres alfaristas más que, aseguran en el círculo del intendente, no habían avisado de esa visita. Así, junto al legislador Walter Berarducci, al concejal electo Carlos Arnedo y a Cristian Abel, la novel postulante quedó en el medio de un pase de facturas interno. “Reorganizándonos”, escribió ayer Alfaro en sus redes sociales debajo de una foto en la que había varios dirigentes de su entorno, pero no estaban ni la candidata ni su cortejo de acompañantes.

Pese a lo que le devolvieron las urnas, en su entorno relatan que el intendente está de buen ánimo. En particular después de la llamada que -dicen- recibió en la tarde del jueves. Del otro lado de la línea, Mauricio Macri le pidió redoblar esfuerzos para que Bullrich sea electa presidenta. El objetivo del líder del PRO es llegar a segunda vuelta en un mano a mano con Milei. Para el jefe municipal, esa llamada supone un reconocimiento y representa un bálsamo político entre tanta debacle. Tras esa conversación, es probable que haya una foto de Alfaro con la candidata de JxC.

Yedlin, finalmente, festeja por haber conseguido su tercera victoria consecutiva después de aquellos primeros tropezones electorales. También puede jactarse de que prácticamente no sufrió el corte de boleta que suele aplicar el justicialismo territorial: en la capital, la lista que encabezó obtuvo 69.000 votos frente a 74.000 de las dos nóminas presidenciales de Unión por la Patria. En toda la provincia, recogió unos 295.000 sufragios frente a 313.000 de los binomios de UxP. El gran dilema que ahora deberá resolver es qué hacer con su mentor político. A Manzur lo único concreto que le aparece en el horizonte es la banca en el Senado, que hoy ocupa Yedlin. Más allá de que el manzurismo sostenga que ese acuerdo tácito es inalterable, hay quienes advierten que el asunto no está resuelto. O por los menos, que habrá que esperar hasta horas antes del 10 de diciembre, cuando asuman las nuevas autoridades. Manzur, que viene en picada, aguardará hasta último momento para ver qué le conviene hacer, y eso dependerá en gran medida de quién llegue a la Casa Rosada y de cómo quede el peronismo en cuanto a números en el Congreso. La próxima composición legislativa, sin dudas, deberá convalidar ajustes o medidas muy impopulares. Diputados permite mantener cierto anonimato; el Senado es exposición pura.

Así como hay una primera certeza después de las PASO, también hay una segunda. Y es que no hubo transferencia de los votos del líder libertario a sus referentes locales a lo largo del año. Sus émulos provinciales, como el propio Bussi, venían de hacer malas o modestas elecciones personales. En suma, la gente que votó a este espacio lo hizo por él. La incógnita pasa por conocer si ese acompañamiento se potenciará el 22 de octubre o si el factor miedo a lo desconocido pesará. Por lo pronto, corre con la ventaja de que su rival de la oposición ya no podrá hacer campaña con el mismo tono y prepotencia que él. Ahora Bullrich deberá moderarse porque el casillero que pretendía ocupar ya tiene inquilino y porque necesita sumar los votos radicales y larretistas. Ponerse a la derecha de Milei puede espantar a más de un integrante de Juntos por el Cambio.

Para más adelante, en todo caso, quedará el análisis sobre el rol de las PASO en un país tan inmaduro políticamente e inestable económicamente. Las Primarias no sólo actúan como una gran encuesta, sino que también profundizan las crisis y prácticamente sentencian la suerte de una gestión cuatro meses antes de la finalización del mandato. Le pasó a Mauricio Macri en 2019; y corre el riesgo de padecerlo Sergio Massa. Pero, esencialmente, lo sufren todos los argentinos, únicos perjudicados de esta temida serie ininterrumpida de desaguisados.

Por Fernando Stanich

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