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El peronismo elige un nuevo rival tras las Pasos y quiere recuperar terreno perdido

 El peronismo elige un nuevo rival tras las Pasos y quiere recuperar terreno perdido

El acto con Massa trata de recuperar parte del terreno perdido en las PASO.

¿Quién se atrevía a pensar, antes de las PASO, que Javier Milei se convertiría en el blanco de todas las estrategias peronistas? La subestimación ha sido la práctica más común dentro del oficialista Unión por la Patria. Se pensó que cargando los votos sobre el diputado libertario, el peronismo particularmente se sacaría de encima a Juntos por el Cambio, que venía de una feroz interna que, al final, consagró a Patricia Bullrich como la candidata presidencial.

El desencanto de la sociedad contribuyó a alimentar el “fenómeno Milei”. No hay discurso de la política tradicional que tiente al electorado en general. Los analistas han acuñado una frase para explicar lo que está sucediendo en la Argentina: “un cambio de época” que marca el fin de un ciclo de la dirigencia tradicional acostumbrada a aparecer ante los ciudadanos cuando el turno electoral los apremia. Estados Unidos lo vivió en 2016 cuando Donald Trump fue electo presidente de ese país, pese al aparato republicano le reprochaba su forma de hacer política (algo que Milei adoptó en la Argentina para tratar de “casta” a los políticos tradicionales) y triunfando ante los demócratas.  Una situación casi similar vivieron los brasileños en 2018 cuando el ex militar y ultraderechista Jair Bolsonaro se adjudicó los comicios contra las estructuras tradicionales y contra el mismísimo Partido de los Trabajadores, que ahora volvió al gobierno de ese país de la mano de Inácio Lula da Silva. Bolsonaro es tan polémico como lo es Milei. La enseñanza que dejan estas tendencias es que la política también se mueve fuera de los esquemas más lógicos, a través de las redes sociales y potenciando un mensaje de hartazgo que expone a la vieja política con una falta de sintonía sobre lo que demanda gran parte de la sociedad.

El peronismo ha cedido espacio. Ya no ocupa el centro del ring electoral y las PASO se han constituido en un golpe al corazón de ese partido tradicional. No los une el amor, más bien el espanto. Sergio Massa no termina de convencer a todos dentro de la renovada coalición que en las elecciones presidenciales asomará como Unión por la Patria. Un candidato presidencial que, a su vez, se desempeña como ministro de Economía de un país con dos dígitos de inflación mensual, incomoda al oficialismo en la preparación de un discurso que seduzca a los argentinos. El tucumano Juan Manzur sabe que hacer campaña no será nada fácil, pero le ofreció al tigrense un escenario afín a su candidatura. El gobernador provincial está próximo a dejar el cargo y su afán pasa por continuar siendo parte de la mesa de discusiones de la política nacional. Anoche recibió a dirigentes de la capital, a quienes pidió que movilicen a la militancia al acto del sábado en el Hipódromo de Tucumán. En la cumbre se dejó en claro que no hay recursos para mover al aparato oficialista. Varios de los asistentes salieron con caras largas del encuentro, pero deberán hacer el esfuerzo para no quedar expuestos políticamente no sólo delante del actual gobernador, sino también en la consideración del próximo, Osvaldo Jaldo, que desde Buenos Aires sigue de cerca el operativo de organización del mitin peronista.

En Buenos Aires, Manzur desplegó en las últimas 48 horas una serie de encuentros con referentes del peronismo para invitarlos a que vengan a Tucumán a apoyar a la fórmula Massa-Agustín Rossi. Una de las cumbres que mantuvo fue con los principales referentes del Movimiento Evita, Emilio Pérsico y Fernando “Chino” Navarro. Otra de las reuniones más bien fue un reencuentro con los viejos amigos de Manzur: los conductores de la CGT.  De los gobernadores, en principio, habría concurrencia generalizada. Sin embargo, el chaqueño Jorge Capitanich y el santafesino Omar Perotti no serían de la partida. Este último tiene elecciones el próximo domingo, mientras que el chaqueño prepara la estrategia para los comicios en esa provincia, que se desarrollarán una semana después.

El escenario actual es muy distinto al que se presentó en 2019 cuando los mandatarios peronistas se unieron para decirle adiós en las urnas a Juntos por el Cambio. En aquel momento se pensó que no se tolerarían cuatro años más de macrismo sobre la base de liderazgos fuertes como el de Cristina Fernández de Kirchner y de Alberto Fernández, ambos ausentes hoy del escenario electoral.  “Hay que tratar de que Milei no vuelva a ganar. Él es el rival; no tanto Patricia Bullrich”, dice un dirigente peronista cercano a Manzur. El objetivo es llegar a la segunda vuelta. Y la estrategia, entonces, será diferenciarse del discurso libertario. No habrá grises. Será blanco o negro.

En suma, las dos principales coaliciones hoy muestran un problema de densidad política, porque buena parte de sus referentes nacionales y provinciales están guardados y no apoyan, con vehemencia, a Massa o a Bullrich, indica a LA GACETA Julio Burdman, director de Observatorio Electoral Consultores. Según el analista, se tejieron muchas especulaciones respecto de los respaldos de los propios compañeros de ruta tomando en consideración los resultados de las PASO y comparándolos, por ejemplo, con la perfomance en los comicios provinciales que hasta ahora se desarrollaron. “El deber de Massa y de Bullrich pasar por mostrar que, dentro de cada uno de sus espacios, hay un decidido apoyo de los pesos pesados de la política”, indica. En el caso particular del candidato presidencial de Unión por la Patria, el doctor en Ciencia Política advierte que el acto de Tucumán es una oportunidad para establecer si es que se puede revertir los resultados adversos, particularmente en las provincias norteñas que, como Tucumán o como Salta, han sido bastiones justicialistas, pero en los que en las primarias abiertas pegó fuerte la boleta de Milei.

Por Marcelo Aguaysol

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