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Elecciones en Tucumán: las cifras del voto en blanco alcanzaban para sentar siete legisladores

 Elecciones en Tucumán: las cifras del voto en blanco alcanzaban para sentar siete legisladores

La cantidad de sobres vacíos en las urnas alcanzó el equivalente a siete bancas de la Legislatura.

La Cámara Electoral Nacional explica que se contabiliza como votos en blanco a “aquellos sobres vacíos o con papel de cualquier color, sin inscripciones ni imágenes”.

Es un sufragio válido -a diferencia del voto nulo-, aunque no suma ni resta a ninguna de las fuerzas en disputa, ya que “representa una manifestación de la voluntad del electorado de abstenerse de elegir entre las diversas propuestas formuladas en un sistema legal de sufragio, expresando así su disconformidad con todos los candidatos y candidatas, y con las propuestas formuladas por los partidos políticos”.

Así, esta herramienta que ofrece el sistema democrático carece de impacto al momento de definir los lugares de representación en los distintos ámbitos del Estado. De todos modos, permite que se efectúen análisis sobre la percepción del electorado respecto a la clase dirigente, sobre la oferta electoral e inclusive sobre el propio régimen de votación.

Algunas cifras

Los números del conteo final a cargo de la Junta Electoral Provincial (JEP) evidencian que el voto en blanco fue la tercera opción para la ciudadanía de Tucumán para la categoría “legislador”.

En primer lugar quedó el armado jaldista de Tucumán para la Victoria, con 178.588 sufragios (16.649 en la Capital, 99.074 en el Este y 62.865 en el Oeste).

El segundo puesto fue para la lista oficialista del Frente de Todos, con 158.617 adhesiones (13.460 en la Capital, 68.256 en el Este y 76.901 en el Oeste).

Y el “podio” se completó con el voto en blanco, que totalizó 130.576 electores (19.474 en la Capital, 34.588 en el Este y 76.514 en el Oeste).

Esta alternativa de sufragio tuvo tal impacto que, además de alcanzar el 10% de los participantes en Tucumán, alcanzaría para que una lista de candidatos obtenga siete bancas en la Legislatura: una por la Capital, dos por el Este y cuatro por el Oeste.

La incidencia de los “sobres vacíos”, en cambio, no fue tan alta en los cargos ejecutivos, lo que evidencia un marcado corte de boletas.

Por ejemplo, en la categoría “gobernador” se computaron 41.143 votos en blanco en la provincia. Esta cifra representa el 3,69% del total, por lo que esta modalidad de sufragio se posicionó en el cuarto lugar en el listado general, detrás de Osvaldo Jaldo (54,96%), Roberto Sánchez (33,29%) y Ricardo Bussi (3,95%).

Algo similar ocurrió en la elección para la Intendencia de la Capital. Aquí, el voto en blanco reunió el 4,69% del total (17.723 votantes), en una contienda que estuvo polarizada entre Rossana Chahla (41,96%) y Beatriz Ávila (40,32%), con el bussista Eduardo Verón Guerra (6,14%) en el tercer puesto).

En la categoría legislador, en cambio, el 5,16% de los vecinos de San Miguel de Tucumán se abstuvo de darle su apoyo a alguna de las 40 listas de candidatos que había en el cuarto oscuro.

El porcentaje más elevado se registró en el Oeste (el 16,81% del total), a pesar de las 19 boletas para esta categoría. En la sección Este, en cambio, la cifra alcanzó el 12,41%, cuando los electores podían optar por 10 nóminas diferentes.

Fastidio y advertencia

El consultor político Carlos Fara, ante una consulta de LA GACETA sobre el voto en blanco, recordó los elevados índices que tuvo esta opción de sufragio durante la crisis de 2001. “Es obviamente una opción de fastidio con el status quo político”, explicó el especialista en opinión pública, campañas electorales y comunicación. Aclaró que esta manifestación de descontento alcanza a todos los partidos, ya que “si a uno le molesta el oficialismo, debería ver como una alternativa la oposición, y obviamente no lo es” en este caso. De todos modos, diferenció esta herramienta de otras maneras de expresar ese “fastidio”, como la abstención. “El punto positivo del voto en blanco es que se trata de gente que va a votar y no elige a nadie, que no se ve obligada darle su voto a alguna fuerza. A diferencia de la abstención, que es alguien que se margina casi por completo del sistema político, el voto en blanco implica cierto compromiso ciudadano”, añadió. Remarcó que esta actitud se evidencia todavía más “cuando uno ve un mayor voto en blanco en una categoría”. “Estamos hablando de una persona que razonó para poner una boleta de ejecutivo y no poner una boleta de legislativo. No es positivo que haya un voto en blanco tan alto, pero sí es positivo que sea gente que se haya tomado el trabajo y decidiera al respecto”, afirmó.

Fara analizó además este “corte” en las boletas, y mencionó que suele haber más votos en blanco para cargos legislativos que para puestos en el ejecutivo. “Puede ser gente que no conoce a los candidatos o que quizás le parece poco relevante el papel que ocupan los cargos legislativos en todos los niveles, y por lo tanto se produce menor nivel de identificación con alguna opción partidaria. De todos modos, es un instrumento totalmente legítimo que tiene la sociedad, y también una advertencia al conjunto de la dirigencia política, porque es un voto a nadie, y un voto razonado; sobre todo, si el voto en blanco a los cargos ejecutivos fue menor que a los legislativos, lo que indica un direccionamiento muy concreto del fastidio”, indicó.

Mario Riorda, director de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales, explicó que, en general, el voto en blanco “es una de las manifestaciones del descontento” de la ciudadanía, junto a otras opciones de voto no positivo, como el nulo o el abstencionismo. Y mencionó además lo que sucede con ciertos sistemas de sufragio de orden provincial, “donde las modificaciones de las reglas electorales producen confusión o desconocimiento, y ante la ausencia de pedagogía electoral, se termina favoreciendo este tipo de votos, que no son necesariamente una porción de voto bronca”.

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