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El preocupante impacto del hambre en el desarrollo cognitivo de niños y niñas

 El preocupante impacto del hambre en el desarrollo cognitivo de niños y niñas

La crisis económica afecta la capacidad de mantener una dieta variada y adecuada en cantidad para miles de niños y niñas en el país. Desde el punto de vista pediátrico alertan sobre el impacto de la escasez de alimentos en el coeficiente intelectual y el rendimiento escolar.

Es que, inclusive desde la concepción y hasta los ocho años, es fundamental poder ingerir los nutrientes esenciales en cantidad y calidad necesaria para el adecuado crecimiento.

Justamente, hoy, cuando la crisis económica ya ha dejado a más de nueve millones de personas en la pobreza en el país, desde diferentes espacios (incluyendo los dedicados a la salud y la educación de niños y niñas) han advertido sobre una profundización de las dificultades que presentan las familias para ofrecer en su mesa platos ricos en proteínas, vitaminas, calcio, hierro, minerales y aceites ricos en omega 3, entre otros componentes fundamentales para el desarrollo.

Que una caja de leche en polvo cuesta por encima de los 1.500 pesos y un kilo de carne roce los 2 mil. Que ir a la verdulería implique llevar en la billetera no menos de mil pesos para comprar algunas unidades de frutas de estación y que un kilogramo de pan ya supere los 400 pesos, no es una situación sencilla de sobrellevar para miles de familias argentinas. «Mi hermana lo que hace es comprar lo que puede para alimentar a sus hijos una vez que vende todos los materiales que ha logrado recaudar en la semana. Con eso y la asignación, apenas alcanza a darle de comer a los niños, La ayudan las personas del merendero que está en el barrio, pero todo es poco. Ella hace todo lo que puede, pero es una realidad muy difícil».

El testimonio es de una mamá que, movilizada por la situación extrema de su hermana, quiere dar a conocer desde su testimonio una realidad que pesa con crudeza en las familias más desamparadas. La mujer prefiere resguardar la identidad de ambas. Viven en las cercanías del barrio San Martín (Mendoza) y conocen de cerca las necesidades de su barriada: el dinero no alcanza y en los casos más extremos, madres y padres no tienen otra opción que repartir la escasa comida del día entre todos los integrantes del hogar. En ocasiones, el almuerzo o la cena es un plato pequeño de fideos blancos o una taza de yerbeado con un bollo de pan.

En las escuelas, docentes y directivos ya han advertido que tanto en el nivel primario como en el secundario hay niños, niñas y adolescentes que llegan a la escuela con hambre; en muchos casos no desayunaron en sus casas pero tampoco pudieron tener en su mesa una cena adecuada para responder a sus necesidades. La falta de trabajo, la inflación y las carencias que se profundizan impactan con fuerza en la calidad alimentaria de la infancia y la adolescencia; justamente, en etapas clave del desarrollo del cerebro y la adquisición de herramientas cognitivas.

Pobreza que impacta en las posibilidades de aprender

El círculo de la inequidad se hace visible: si un niño o niña no está adecuadamente alimentado, no solo su desarrollo cognitivo se ve limitado, sino que su propensión a padecer infecciones y enfermedades relacionadas a un sistema inmune debilitado, hace que falte más a la escuela

La crisis que están sufriendo las familias se traduce, además del hambre manifiesto con el que llegan a la escuela los niños y niñas, con síntomas de apatía, mal humor y desgano. «No solo se ve que van a la escuela con hambre. La crisis se nota en la forma en que se comportan, están inquietos, agresivos y en algunos casos, tristes. Creo que eso tiene mucho que ver con lo que los chicos están viviendo en sus casas; es todo una consecuencia de toda la situación económica caótica que estamos viviendo.

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