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Operativo clamor en marcha: el kirchnerismo despliega los peones esperando que mueva la reina

 Operativo clamor en marcha: el kirchnerismo despliega los peones esperando que mueva la reina

El peronismo acude a Cristina Kirchner para que sea candidata, mientras Alberto Fernández insiste en competir en una PASO, aunque aclara: «Si otro compañero está mejor, yo me bajo».

El operativo clamor se puso definitivamente en marcha: montado en el relato de la «proscripción» y en el compromiso histórico del PJ de enfrentar y luchar contra ese tipo de injusticias, el peronismo decidió ir a buscar a Cristina Fernández de Kirchner para que participe de manera activa en la próxima campaña proselitista.

Es decir, involucrándose. En la cumbre del Frente de Todos del jueves pasado, los peones del kirchnerismo cumplieron con su trabajo y ahora esperan que mueva la reina, después de que el presidente Alberto Fernández diera el primer paso en el complejo tablero de ajedrez electoral con el que deberá lidiar el oficialismo en 2023, al convocar a la reunión en la sede del Partido Justicialista (PJ).

Un amplio sector del peronismo quiere que Cristina compita en los próximos comicios y en pos de ese objetivo se resolvió en el cónclave celebrado en Matheu 130 en la ciudad de Buenos Aires conformar una «comisión» que, supuestamente, le ofrezca a la ex mandataria ser candidata a presidenta. Mientras tanto, el núcleo duro K pretende que Fernández desista por completo de sus aspiraciones de reelección.

En este contexto, fuentes del albertismo dijeron a NA que aún no está claro si ese grupo de dirigentes, esa llamada «comisión», irá a pedirle a la vicepresidenta que revea su postura, su repentina decisión de bajarse de la contienda electoral de este año, y que finalmente se postule, o bien lo que se busca es «configurar un respaldo sin fisuras de todo el peronismo» hacia su figura, tras el fallo judicial en la causa Obra Pública.

Está claro que históricamente la proscripción se ha constituido en un factor de lucha para el justicialismo. Pero en este caso, la ex jefa de Estado no se encuentra vetada para participar en las próximas elecciones. Sí pesa en su contra una sentencia de primera instancia que incluye una inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, además de seis años de prisión, al haber sido declarada culpable de actos de corrupción. Sin embargo, la condena no está firme y sus abogados defensores aún tienen por delante no una, sino dos instancias de apelación ante la Justicia.

Apenas se conoció el veredicto, la propia Cristina anunció que desistía de competir en los próximos comicios: una decisión quizás apresurada, tomada con las pulsaciones elevadas, que ahora el kirchnerismo pretende maquillar con el relato de la «proscripción», un estado de censura que no coincide con la situación de la ex mandataria, pero que sin dudas ofrece, por su carga simbólica, un poderoso estimulante para que el PJ impulse el operativo clamor que acaba de echar a rodar.

Claro que como primera misión el propio peronismo deberá desacreditar una frase que algunos atribuyen nada más ni nada menos que al ex presidente Juan Domingo Perón -otros aseguran que lo solía decir el emperador francés Napoleón Bonaparte- y que sostiene que «para que algo no funcione, nada mejor que formar una comisión», palabras más, palabras menos. En definitiva, está por verse qué resolverá Cristina en cuanto al rol que desempeñará en los comicios generales que se avecinan.

Unidad del espacio y PASO, la síntesis

Sí parece haberse consensuado en la primera y amplia Mesa Política del Frente de Todos (FdT) del jueves pasado, incluso con la inesperada participación del líder camporista Máximo Kirchner y de su pirotécnico lugarteniente Andrés «Cuervo» Larroque, que los candidatos del oficialismo deben surgir de una PASO, en lugar de ser designados a dedo -por Cristina, obviamente-. Los presentes en la sede peronista de Matheu también coincidieron en que la unidad del espacio es clave para afrontar la convocatoria a las urnas.

«Se asumió el compromiso de terminar con las hostilidades internas y de preservar el frente (el FdT) para poder relanzarlo como herramienta electoral», dijeron a esta agencia fuentes del albertismo. Se trató de una reunión «muy reservada», de unas cinco horas de duración, con una treintena de asistentes y Fernández sentado junto al ministro de Economía, Sergio Massa, y al titular de la cartera de Interior, Eduardo «Wado» de Pedro: ¿en representación del camporismo?

En este sentido, el núcleo duro K -dentro del cual sobresale De Pedro incluso como posible contendiente a la Presidencia de la Nación en las próximas elecciones- plantea que sería «antinatural» que Fernández fuese candidato y busque una renovación de mandato compitiendo en una PASO. Es decir, rivalizando con dirigentes del propio oficialismo en esa primera instancia.

Es más, dirigentes del massismo sostienen una postura similar y por ese motivo el propio titular del Palacio de Hacienda sorprendió días atrás al jefe de Estado al pedirle que defina «pronto» si competirá en los comicios de este año. Ocurre que la participación de Fernández en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) ubicaría a los demás dirigentes del FdT, a los que vayan a enfrentarlo, en la encrucijada de desplegar una campaña crítica del propio Gobierno que integran, buscando erosionar el apoyo electoral del mismísimo jefe de Estado.

Un escenario semejante -e insólito por cierto- podría ser largamente capitalizado por la oposición, esgrimieron algunos de los presentes en la cumbre del PJ. Fernández, mientras tanto, aún deshoja la margarita y coquetea con la posibilidad de lanzarse a una reelección, aunque tal vez a modo de mecanismo de autopreservación, de supervivencia política, da la sensación. Está claro que los números en las encuestas no lo acompañan.

Según pudo averiguar NA consultando fuentes del Gobierno, lo que Fernández plantea es que quiere que gane el FdT, «no Alberto», e incluso comenta entre sus allegados: «Si otro compañero está mejor, yo me bajo». De todos modos, después de todo el ruido interno que acompañó a su gestión a lo largo de más de tres años, el jefe de Estado considera que «el mejor sistema» para dirimir candidaturas es la PASO. No solamente porque fortalece la democracia puertas adentro en el oficialismo, sino porque de esa instancia surge «un ganador» para enfrentar a la oposición en los comicios generales.

La oposición, relegada de la agenda

Asimismo, el propio Fernández le dijo a «Wado» de Pedro que no tenía inconveniente alguno en que «se presenten todos los que quieran» a las elecciones primarias, cuando se reunió para limar asperezas con el ministro del Interior en la Quinta Presidencial de Olivos días antes de la cumbre del PJ del jueves pasado. En ese encuentro, el camporista consideró que no era «natural» que lo enfrente en una PASO como funcionario del mismo Gobierno.

De cualquier modo, es de esperar que si Cristina finalmente decide competir y postularse para la Presidencia de la Nación, el kirchnerismo pretenda que los demás contendientes del FdT desistan de la contienda y sea ella la única candidata. Es más, después de todo lo sucedido hasta el momento, de las constantes turbulencias palaciegas, los reproches en público, las cartas, el fuego amigo y demás, sería propio de una comedia de enredos que la «jefa» del oficialismo vaya a enfrentar a Fernández, a su «Prometeo electoral» de 2019, en comicios internos.

Justamente por eso la militancia K la reclama y le pide que «vuelva»: para solucionar el problema que… la propia ex mandataria creó. ¿O no sería ese el motivo? «Cristina se equivocó con Alberto. Eligió a una persona a la que le quedó grande el cargo», sostuvo esta semana Carmela Moreau, hermana de la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, y que acaba de renunciar a su cargo de asesora en la Jefatura de Gabinete tras la llegada de su ex pareja Agustín Rossi a esa dependencia estatal, en reemplazo de Juan Manzur.

Carmela Moreau se marchó del Gobierno con fuertes críticas hacia la gestión de Fernández, en simultáneo con el desembarco de Rossi en la primera línea de defensa albertista en el Gabinete nacional. El «Chivo» acompañó al mandatario a la reunión del PJ en Matheu y se sumó de inmediato al relato oficialista sobre la presunta «proscripción» a Cristina, en sintonía con otros funcionarios cercanos al Presidente, como su portavoz Gabriela Cerruti. Así, desde el entorno del jefe de Estado buscan tender puentes con el kirchnerismo.

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Por su parte, Manzur regresó a Tucumán, donde reasumió como gobernador, y una vez que el peronismo gane los comicios provinciales el 14 de mayo próximo -como todo hace suponer que ocurrirá- está previsto que se zambulla de lleno en la campaña proselitista nacional, ya sin ser parte de la administración Fernández obviamente: según pudo averiguar esta agenciapretende competir por la Presidencia de la Nación este año.

En los últimos días, la agenda del oficialismo y su «rosca» electoral interna acapararon la atención pública y mediática en general, relegando a un papel de reparto a la oposición en la escena política doméstica. Al mismo tiempo, el FdT logró enredar a Juntos por el Cambio en la discusión legislativa sobre la Corte Suprema de Justicia y el juicio político que impulsa el Gobierno: un debate que el kirchnerismo pretende prolongar en el tiempo, probablemente a modo de «cortina de humo».

Y a propósito de la actividad parlamentaria, ¿logrará sesionar el Congreso al menos en una oportunidad antes de que Fernández inaugure formalmente el 1° de marzo el período legislativo 2023? En el FdT aseguran que sí: se espera que ocurra el martes 28 de febrero, casi con el pretexto de justificar la convocatoria a extraordinarias -y si los números para el quorum cierran-. En pleno año electoral, en el oficialismo ya admiten que el Congreso producirá más ruido que nueces en los próximos meses, con motivo de las fricciones con la oposición.

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